Imagen de un grupo de fotoperiodistas en el que hay una sola mujer, Biarnés

«Sí, yo quería ser telefonista. Me apasionaba ver cómo metían aquellos lápices en los agujeros. Siempre fui desde muy pequeña muy creativa, muy fantasiosa. Pero esto se acabó cuando mi padre me dijo ‘esto no es una profesión que vaya a durar toda la vida, el mundo va a progresar y tú no vas a estar siempre con las clavijas’. Y entonces se hizo fotógrafa, que era la profesión de su padre, que era una profesión donde no había mujeres, que era la profesión donde Joana Biarnés, considerada la primera fotoperiodista en España, era Una entre todos. Un documental dirigido por Óscar Moreno y Jordi Rovira rescata del olvido a una figura desconocida incluso entre los suyos. La cinta, seleccionada por el DocsBarcelona, será proyectada en abril en salas de toda España.

“Qué pena que no seas un chico porque hoy me vendrías a ayudar. Tú irías al ciclismo y yo al hockey. Qué lástima que seas una mujer”, cuenta que le decía su padre, Juan Biarnés, fotógrafo deportivo, antes de que se colgara una cámara al cuello y retratara a Dalí, a Orson Welles, a Rudolf Nureyev, a Jackie Kennedy, a Raphael o consiguiera una exclusiva mundial con los Beatles. Mucho antes de todo eso, la chica se levantó a las cinco una mañana y se dirigió a una cueva con estalactitas que habían descubierto unos jóvenes en Terrassa, su pueblo. Tenía 20 años. “Mi padre tenía mucho trabajo, les dijo que no podía ir con ellos y decidí ir yo”, cuenta por teléfono. Fue su primer reportaje, publicado en Mundo deportivo con su nombre y apellido: Juanita Biarnés. Su padre se emocionó. Y otro día la llevó al campo de fútbol.

“Menos guapa, me llamaron de todo. Me insultaron. Y pude comprobar lo peligrosa que es la masa fanática. Me quería echar el árbitro, no quería empezar el partido, me gritó que si buscaba novio, que allí sólo podían estar los fotógrafos. ‘¡Pero yo soy fotógrafo!’, le dije. ‘No, no, usted es una mujer’, me respondió. Y mientras tanto, en mi interior, me iba diciendo que no me iría de allí, que no iba a dejar a mi padre colgado, que estaba haciendo fotos desde la otra portería. No. Me quedo y defiendo mi terreno. ‘Estoy haciendo mi trabajo, no me vea usted como una mujer y vaya acostumbrándose porque me he propuesto abrir el camino a muchas otras’, le solté. El jefe del campo, después de ver mis credenciales, decidió que me podía quedar, que había ido a trabajar, no a pasar la tarde. A mí me temblaban las piernas, las manos y ni te cuento cómo lo estaba pasando mi padre…”, ríe ahora a punto de cumplir 81 años.

Aquel episodio y, sobre todo, haber salido victoriosa de él, le dio la confianza que necesitaba para pelear en ese mundo de hombres. Su padre se sentó frente a ella y le advirtió sobre las situaciones a las que se enfrentaría en un país donde la mujer tenía que estar en casa, cuidar a los hijos y mantener al marido contento. Inmediatamente después la animó a luchar: “Esto tiene que cambiar, me dijo, y puede ser que tú ayudes a que cambie”. Al poco tiempo, se inscribió en la Escuela Oficial de Periodismo.

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