Educando en igualdad. 8 de marzo.

Una campaña de FETE-UGT, el Instituto de la Mujer y el Ministerio de Igualdad




           
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Ha transcurrido ya 25 años desde la Tercera Conferencia sobre la Mujer, en Nairobi, considerada como el nacimiento del feminismo, a escala mundial. En ella se reconoció que la participación de la mujer en la adopción de decisiones y la gestión de los asuntos humanos no solo constituía su derecho legítimo, sino que se trataba de una necesidad social y política que tendría que incorporarse en todas las instituciones de la sociedad. Se identificaron tres categorías básicas de medidas: constitucionales y jurídicas; Igualdad en la participación social e Igualdad en la participación política y en la adopción de decisiones.

Antes de la de Nairobi habían tenido lugar la Conferencia de México (1975) y la de Copenhague (1980) en las que se atisbaban las bases de un nuevo concepto de igualdad efectiva entre hombres y mujeres. Sin embargo, habría que esperar hasta la cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, para poder defender una verdadera igualdad entre hombres y mujeres. En ella se planteó la necesidad de una reestructuración fundamental de la sociedad y de sus instituciones para potenciar plenamente el papel de la mujer como participante, en igualdad con el hombre, en todos los aspectos de la vida. Este cambio representó la decidida reafirmación de que los derechos de la mujer eran derechos humanos y de que la igualdad entre los géneros era una cuestión de interés universal y de beneficio para todos y todas.

La Plataforma de Acción de Beijing animaba a los gobiernos a incluir de manera efectiva la dimensión de género en todas sus instituciones, en sus políticas y en sus procesos de planificación y de adopción de decisiones. ¿Qué significaba esto? Que cualquier decisión o planificación debería ir precedida de un análisis sobre sus consecuencias sobre los hombres y las mujeres, sus necesidades y sus derechos. En materia de educación, significaba —también— que no sólo se garantizaría la accesibilidad de las mujeres a los sistemas educativos sino que exigía la incorporación de una perspectiva de género que requería la reconstrucción del sistema en su conjunto.

En el contexto español, las consecuencias de las Conferencias Internacionales se han plasmado con cierto éxito en las leyes de Igualdad de género, en las medidas legales de prevención de la violencia, y en la incorporación del lenguaje no sexista o del enfoque coeducativo en los distintos niveles del sistema educativo. Sin embargo, a pesar de tener unas leyes que garantizan la plena igualdad legal de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad, la igualdad real dista mucho de ser alcanzada: es habitual en el mundo empresarial que los salarios de las mujeres estén entre un 19 y un 30% inferiores a los de los hombres o que las mujeres en puestos directivos de las empresas sólo llegue al 20%, etc.; pero lo que es más preocupante aun es que apenas un tercio de las cátedras universitarias estén ocupadas por mujeres cuando el porcentaje de éstas en los ciclos de Primaria y Secundaria es claramente mayoritario.

La incorporación de las leyes en materia de Igualdad han permitido que se lleven a cabo las acciones propuestas por las distintas Conferencias Internacionales sobre la Mujer; sin embargo, su aplicación y el cambio de mentalidades de las sociedades deben marcar un nuevo paso a la plena consideración de las necesidades específicas de las mujeres y al papel que éstas juegan en la construcción de un mundo más justo y más equitativo para todos y todas.

¿Y dónde empieza este cambio de mentalidades? En la educación. La urgente necesidad de considerar la educación como la única medida posible para incorporar la plena igualdad de mujeres y hombres exige que desde todos los contextos educativos se consideren varias actuaciones a la vez. La formación de las profesoras y de los profesores en valores de coeducación y respeto a las diferencias en igualdad; la explicación y la aplicación de herramientas pedagógicas en materia de igualdad de género, la coeducación como medida de prevención de la violencia contra las mujeres, el desarrollo de una educación afectivo-sexual que reivindique la igualdad de trato entre chicas y chicos, para expresarse con libertad y autonomía; la educación en el respeto mutuo, como prevención y denuncia de las situaciones de trata de personas con fines de explotación sexual; la corresponsabilidad en la vida privada…etc.

La igualdad en materia de género debe, por lo tanto, formar parte inclusiva y transversal del curriculum de todos los programas educativos y en todos y cada uno de los niveles del sistema educativo. Sólo de esta manera podremos construir una sociedad en la que mujeres y hombres se vean plenamente reflejados y en la que las oportunidades y los logros individuales permitan abarcar a las necesidades de la población en su conjunto.

Con el objetivo de contribuir a la Igualdad en la Educación desde FETE UGT en colaboración con el Instituto de la Mujer y el Ministerio de Igualdad ha preparado la Campaña Educando en Igualdad.

La campaña Educando en Igualdad tiene como finalidad avanzar hacia un modelo coeducativo que proporcione las pautas necesarias para prevenir las situaciones de discriminación hacia las mujeres y las niñas, que se dan en las distintas variables del curriculum oculto; prevenir la violencia contra las niñas y las mujeres; garantizar la participación en igualdad de las mujeres y de los hombres en todo el sistema educativo y formar a las alumnas y alumnos en actitudes y valores que les ayuden a compartir la vida desde el respeto, la igualdad, la autonomía, la corresponsabilidad y el reconocimiento mutuo

La campaña contempla una difusión al conjunto de la comunidad educativa con diferentes actuaciones, entre ellas, la creación de un espacio web www.educandoenigualdad.com carteles, folletos, materiales didácticos, talleres y seminarios de formación para el profesorado, asesoría psicopedagógica.

Manifiesto del 8 de marzo FETE UGT