El papel de la escuela. Modelos educativos y género.

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Queda mucho por reflexionar sobre los modelos educativos que estamos aplicando. Además del análisis sobre los diferentes modelos educativos, este texto te plantea diversos aspectos a tener en cuenta para la elaboración de un modelo coeducativo.
Si nos adentramos en el análisis del actual sistema educativo podemos observar que el modelo predominante es el denominado «modelo compensatorio» que supone un avance con relación al modelo anterior de carácter «selectivo» que olvidaba sistemáticamente los aspectos relacionados con la diversidad, la tolerancia y el derecho a la individualidad. Pero con todo ello, sigue manteniendo la idea de normalidad como referente y por lo que afecta al género, aunque propugna un modelo de enseñanza mixta, incorpora en el curriculum únicamente los valores tradicionales masculinos como modelo universal para toda la población escolar. Las chicas deberán desarrollar por su cuenta, de manera paralela, un modelo educativo femenino de carácter implÃcito, a través de lo que se denomina el «curriculum oculto».
Los modelos educativos son conceptualizaciones que partiendo de determinados presupuestos teóricos sirven de guÃa o marco de referencia a la hora implantar determinadas medidas y cambios. Las creencias y valores del profesorado, la familia y los distintos agentes educativos van a tener un gran peso en la implantación de un modelo educativo concreto.
Analizar las caracterÃsticas de los distintos modelos en los que se sustenta la práctica educativa permite conocer tanto las teorÃas explÃcitas como las teorÃas implÃcitas (no escritas, a veces más difÃciles de percibir) para poder elaborar y proponer medidas encaminadas a mejorar y corregir dichos modelos.
El modelo tradicional o selectivo entiende la educación desde una perspectiva jeraquica donde el maestro es quien sabe y las/los estudiantes quienes no saben, donde la adquisición del conocimiento se asemeja a una vasija en la que se van almacenando los conocimientos (básicamente contenidos teóricos), unos encima de otros pero sin ningún tipo de conexión, como compartimientos estancos. Este modelo, además, otorga un gran valor al status social, al poder, a la riqueza (más el tener que el ser), la competitividad, el éxito social y el androcentrismo. La metodologÃa es fundamentalmente expositiva, basada en la memoria, y se da mayor importancia a los resultados que a los aspectos implicados en el proceso de aprender. Por lo que respecta al tema del género, esta escuela selectiva desvaloriza lo femenino, considerándolo un valor de segundo orden.
Las personas nos desenvolvemos básicamente en dos ámbitos: público y privado; el público está más valorado socialmente que el privado-doméstico. Es el ámbito que otorga poder y status a determinados grupos y en el que se desarrollan los determinados poderes (polÃtico, económico, ideológico, religioso, etc.). El ámbito público ha sido ocupado por los varones, quedando las mujeres relegadas al privado-doméstico. Actualmente, aunque las mujeres están conquistando parcelas del ámbito público, son todavÃa escasas aquellas que están relacionadas con lo centros de poder donde se toman las decisiones.
El modelo educativo que se deriva de esta escuela selectiva está vincluado con el aprendizaje y el desarrollo de las capacidades que tienen relación con el éxito en el ámbito público, partiendo de las caracterÃsticas que la sociedad y el entorno consideran como propias del género masculino. Todo ello se va a ver reflejado en el curriculum escolar que potencia aquellas aptitudes o capacidades que van a ser necesarias en la vida pública como son la inteligencia, la competitividad, la fuerza, inhibiendo (o asignándolas exclusivamente a las niñas) otras consideradas de segundo nivel o de «andar por casa» (sensibilidad, ternura, cuidados domésticos).
Este modelo, tal como señala acertadamente Begoña Salas, forma individuos parciales, ya que solamente son autónomos en un sólo ámbito: «Los varones tendrÃan que reflexionar sobre esta incapacidad y minusvalÃa para desarrollarse como personas en el ámbito de lo privado que ocupa un considerable tiempo de nuestra vida».
Al acceder al sistema o modelo educativo masculino directamente proyectado en lo público, las mujeres han debido asumir, junto con las responsabilidades propias de su sexo, aquellas referidas a un modelo de persona igual a varón. Se estaba por tanto potenciando y justificando la doble jornada de las mujeres, tanto en el plano social como en el educativo.
Asà pues, no es un modelo mixto. Es un modelo masculino puesto que lo relativo a la esfera de lo privado sigue estando adscrito a las niñas, aunque eso sÃ, ya no aparezcan contenidos y materias diferentes en el curriculum escolar. Niñas y niños estudian las mismas asignaturas pero «las mujeres son las encargadas de los saberes no curriculares que les van a ser transmitidos por otras mujeres (sus madres) o la realidad se encargará de enseñarles que, aunque desarrollen una actividad laboral fuera de casa, las tareas domésticas se les darán por añadidura».
El modelo masculino generalizado para toda la población escolar se basa en la conceptualización del hombre como universal y genérico, lo que se manifiesta en la desaparición del papel de las mujeres en el desarrollo de la cultura y el conocimiento dentro de los contenidos escolares.
La superación del modelo compensatorio se conseguirÃa con la implantación del «modelo comprensivo» que, en lo que concierne al género, eliminarÃa la existencia de un curriculum diferenciado y propondrÃa un modelo de persona que transcienda los rÃgidos corsés de «lo masculino» y «lo femenino». Este nuevo modelo de persona nos llevarÃa a cuestionar ciertas prácticas educativas consideradas correctas y neutras pero que ocultan una concepción de persona asimétrica y jerarquizada.
La elaboración de un modelo coeducativo deberÃa considerar aspectos como:
Integrar las esferas pública y privada a la hora de construir el curriculum escolar.
Analizar el androcentrismo que subyace en el modelo educativo actual (escuela mixta). CrÃtica a la generalización del curriculum masculino como modelo universal para toda la población escolar.
Revisar los diferentes aspectos y situaciones que se dan dentro del aula con relación al mantenimiento de los estereotipos sexistas (lenguaje, interacción educativa, invisibilidad de las mujeres y su reflejo en el curriculum).
Contrastar la situación escolar propiamente dicha con las expectativas sociales y familiares en relación con los dos sexos para propiciar estrategias comunes y complementarias entre la familia y la escuela.
Construir un modelo de persona que transcienda y vaya más allá de los tradicionales presupuestos sobre el género.
Propiciar una serie de valores no jerarquizados en función del sexo y relativos a un modelo de persona autónoma y flexible.
Desarrollar las estrategias metodológicas más acordes con los estilos de aprendizaje de niñas y niños, lo que permitirá la reflexión crÃtica sobre ciertas rutinas didácticas.
Favorecer el diálogo escuela/familia poniendo de manifiesto las implicaciones de ambos contextos con relación a los estereotipos de género.
Recontextualizar la diversidad social y escolar en relación con los distintos temas transversales sin olvidar las especiales relaciones entre todos ellos.










