El lenguaje

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Tanto en la escuela como fuera utilizamos el denominado masculino genérico, que aparentemente integra tanto al masculino como al femenino, pero ¿hasta que punto es cierto?. Pongamos una serie de ejemplos para ello. Tomemos algunos enunciados encontrados en libros de texto:
«Los pueblos bárbaros se dedicaban principalmente a la guerrear con los pueblos cercanos, a la caza... Sus mujeres solÃan...»
«Las normas del Corán sirven de guÃa a los creyentes. Pueden casarse con varias mujeres, la mujer...»
En ambos textos el masculino empleado contribuye al principio a creer que efectivamente incluye a mujeres y varones en los términos de «pueblos bárbaros» «creyentes», pero inmediatamente la siguiente frase pone de sobreaviso que no es asà y no se habla de la totalidad de la población sino de un determinado colectivo, el de los varones. Este fenómeno ha sido denominado por GarcÃa Messeguer «salto semántico» y consiste en utilizar el masculino desde una pretendida neutralidad, que no resiste el más mÃnimo análisis. El salto semántico también lo podemos encontrar en la prensa diaria,en los documentos oficiales,etc..
Esta utilización abusiva del masculino no hace más que reforzar el papel predominante del varón como el más importante, poniendo de manifiesto las conexiones entre pensamiento y lenguaje, puesto que nuestro lenguaje representa externamente la estructura de nuestro pensamiento. Esta conexión la podemos encontrar en determinadas situaciones donde el lenguaje condiciona el éxito de determinadas tareas al incitar a utilizar estrategias estereotipadas que impiden el encuentro de la solución correcta. Tal es el caso del «dilema del cirujano y su hijo» o «el dilema de las dos jirafas»:
«Un padre y un hijo sufrieron un grave accidente.el padre murió y el hijo resulto malherido. Fue trasladado a un hospital para operarle, pero el cirujano al verle comento: ¡no le puedo operar ,es mi hijo!»;
«HabÃa una vez dos jirafas, una grande y una pequeña; la jirafa pequeña era hija de la jirafa grande, pero la grande no era madre de la pequeña. ¿Quien es la jirafa grande?»
Podéis comentar estos dilemas lingüÃsticos con vuestras hijas e hijos y amistades. Estos dilemas plantean dificultades a la mayorÃa de las personas independientemente de su edad, sexo o formación. Por ejemplo, estas dificultades han sido encontradas entre alumnado y profesorado universitario. La solución del primer dilema es más fácil cuando se presenta al cirujano, lloroso y tembloroso (¿quién no iba a estarlo ante su hijo?) al responder más al estereotipo y poder plantearse que el cirujano puede ser la madre.
Otro ejemplo de sexismo lo observamos en los diccionarios donde términos aparentemente duales tienen distinto significado cuando se aplican a uno u otro sexo, teniendo el femenino una carga peyorativa o negativa. Hombre público/mujer pública, hombre frÃo/mujer frÃa, verdulero/verdulera, etc. Algunas recomendaciones para el uso no sexista del lenguaje podrÃan ser:
* Utilizar solamente el masculino cuando nos refiramos a varones y genéricos auténticos tanto masculinos como femeninos cuando nos refiramos a colectivos; tal es el caso de vecindario, persona, ser humano, gente, infancia, criatura/s.
* No es ninguna repetición cuando se utilizan masculinos y femeninos a la hora de representar grupos mixtos.Como señala el colectivo Nombra (Comisión Asesora sobre Lenguaje del Instituto de la Mujer), no se duplica el lenguaje por el hecho de decir niños y niñas o madres y padres, ya que duplicar es hacer una copia igual a otra. Decir el ciudadano y la ciudadana, o la ciudadana y el ciudadano no es una repetición. Como no es repetir decir amarillo, negro y verde.
* Evitar tratamientos diferenciados como señor/señorita. No se puede continuar identificando a las mujeres por su estado civil o por su relación con los hombres (señora de...).
* Emplear los abstractos en la denominación de oficios y cargos (profesorado, alumnado).
* Utilizar el femenino y el masculino de las distintas profesiones (médica, abogada, arquitecta).
Como conclusión el grupo Nombra comenta que un lenguaje sensato es el que representa por igual a mujeres y hombres, no oculta, no subordina, no infravalora, no excluye, y no quita la palabra a nadie.










